martes, 29 de noviembre de 2016

Planificación Territorial en los Andes. La Sierra desde el siglo XII d. C. hasta los Incas


Tras el ocaso de la influencia cultural y económica de Wari en los andes centrales, continúan vigentes algunas culturas que convivieron con ella como los Cajamarca que en su fase tardía se llamara Cuismanco, entrando está en una fase de decadencia. Por otro lado, aparecen nuevos patrones sociales y culturales en casi todo el territorio andino, como la Cultura Chachapoyas en las actuales regiones de Amazonas y San Martin – ceja de selva - , los grupos Chupachu y Huamalíes en la región Huánuco; Huaylas en la región de Áncash; Xauxas y Huancas en la región de Junín – Valle del Mantaro - ; los Chancas en la regiones de Huancavelica, Ayacucho y Apurimac; la cultura Churajon en la región de Arequipa y Killke en el Cusco; los Lupaca, los Collas y los Pacaje en la región de la meseta del Collao(1), así como otros grupos étnicos más pequeños como los Queros en Huánuco y los Astos en Huancavelica (2).

Los patrones de asentamiento que surgen después de Wari son bastante parecidos a los que existieron antes, durante los Desarrollos Regionales; es decir, por un lado, la aparición de aldeas y poblados rurales (3), en la sierra norte y central; y por el otro, un alto desarrollo urbano en la costa norte y central con el surgimiento de grandes centros de carácter administrativo y religioso como el caso de Chan Chan, por lo que nuevamente se visualiza una gran diferencia entre los procesos que se estaban dando en la costa distintos a lo de la sierra (4). Según Jose Canziani, este fenómeno se debió a la “disgregación del estado Wari y del término de su presencia en muchas de estas regiones. Lo que habría derivado en la acentuación de las condiciones propias de desarrollos regionales caracterizados por un fuerte énfasis autárquico, con una base económica rural de carácter agropecuario, que requiere de escasos niveles de especialización productiva, ya sea porque la presencia de especialistas no es de vital importancia para los procesos productivos, o no se dan las condiciones de base para posibilitar su sustento económico” (5).

Plano del poblado de Kuniare. 
Dibujo Lavalle y Julien 1983: fig 2
Plano del poblado de Astomarka.
Con el típico patrón orgánico circular.
Dibujo Lavalle y Julien 1983: fig 3

Las aldeas de la sierra norte y central eran asentamientos de relativo tamaño, ubicados generalmente en las partes altas de los valles interandinos, especialmente en las cimas de las colinas y cerros que las rodeaban, en la cual se pudiera tener una visualización clara de la cuenca del valle. Su localización también estaría próxima a las altas mesetas andinas, de tal manera que se manejara paralelamente la agricultura de los distintos pisos ecológicos ubicados de manera descendiente a lo largo del valle, y la actividad ganadera que se desarrollaba en las mesetas más altas de la puna (6). Muchos de estos centros urbanos estaban cercados por murallas, posiblemente como una forma de defensa, por lo que podría evidenciarse un alto grado de conflictos étnicos agudizados por la ausencia de un estado fuerte que sea mediador y los resuelva (7). El patrón de asentamiento de gran parte de las aldeas serranas consistía en una organización bastante orgánica y desordenada de la trama urbana, con edificaciones circulares que se formaban de manera aglutinada y sin ninguna jerarquía, esto lo podemos observar en varios sitios importantes como Kuelap, centro importante de la cultura Chachapoyas; Augash, asentamiento de la cultura Quero en Huanuco; Tunanmarca, sitio que formaba parte de la cultura Huanca o las aldeas de la cultura Asto de Huancavelica como Astomarka y Kuniare. Lo curioso de todo esto es como distintos centros urbanos contemporáneos, distantes unos 500 a 1000 km entre si y correspondiente a diferentes culturas, pudieron desarrollar patrones muy parecidos y en muchos casos casi idénticos – la forma de localización, el amurallamiento de sus recintos, la organización y las formas circulares de sus edificaciones - .

Foto aérea del sitio arqueológico de Tunanmarca.
Se puede visualizar una gran cantidad de
estructuras circulares en la cima del cerro
Historia en Fotos - Perú
Restos de las estructuras circulares de Tunanmarca.
Historia en Fotos - Perú

Para entender más profundamente esta forma de urbanismo analizaremos el caso de Kuelap. Ubicado en la cuenca del rio Uctubamba a 3000 m.s.n.m. en la región de Amazonas, sobre la parte alta y rocosa de un cerro que ha sido modificado con terraplenes y terrazas para su emplazamiento (8), es uno de los ejemplos más curiosos de morfología orgánica, en la que el patrón circular de sus edificaciones y la forma como se ubican hacen asemejar un racimo de uvas. A partir del plano mostrado mas adelante y las fotos aéreas de google earth, podemos hacer una descripción del sitio; Kuelap tiene una forma alargada e irregular adaptada a la topografía del cerro, tiene un largo que alcanza los 584 metros, con un ancho variable de unos 110 metros y una extensión de 6 hectáreas. El asentamiento está rodeado de una muralla construida con bloques de piedra y que contiene un gran relleno que forma el terraplén donde se asienta el centro urbano. El ingreso al lugar se da por tres ingresos, dos ubicados al este y uno al oeste, las mismas que presentan unas portadas alargadas en altura de forma trapezoidal y que sirven de acceso a unos largos corredores ascendentes que cortan la masa de relleno que forma el terraplén, estos culminan en unos accesos mucho más estrechos en la cual puede entrar solamente una persona; se puede asumir así que exista un control bastante fuerte en el acceso al centro urbano (9).

Plano de Kuelap. Viajes y viajeros
Aerofotografia de Kuelap. Google Earth

El poblado está compuesto de 420 estructuras de forma circular y solamente 7 edificaciones de forma regular (10) ubicadas estas últimas en su mayoría en la parte norte del complejo urbano, junto a la muralla que la bordea. La organización de la estructuras es bastante variable e irregular, en algunos casos forman grupos lineales o anulares que definen espacios abiertos; en otros casos se ve un complejo aglutinamiento de estructuras sobre todo en el extremo suroeste; el lado oeste donde la zona aglutinada se alza sobre un pequeño promontorio rodeado por una muralla, conocida como Pueblo Alto (11); y en el extremo norte. Según Canzini, tratando de analizar los estudios de Narváez para Kuelap, estas estructuras podrían haber tenido alguna función residencial, especialmente las edificaciones circulares, a diferencia de las regulares que pudieron tener un uso más público o administrativo, aunque Narváez opina sobre estas últimas que pudieron ser parte de una ocupación inca posterior (12). Llama la atención una edificación peculiar en forma de cono trunco que tendría una función ceremonial denominado el Tintero, ubicado en el lado sur de la ciudadela (13).

Vista de la muralla de Kuelap desde el exterior.
Foto Martin St-Amant para wikipedia
Vista interior de Kuelap. Foto Elemaki para wikipedia

El caso de Kuelap es un claro ejemplo de la forma como se estaba desarrollando la planificación urbana en la sierra norte y centro para el periodo de los Estados Regionales, en donde prácticamente existió un patrón urbano común en todos los andes en cuanto a la localización, organización y construcción de sus asentamientos.

Edificaciones circulares de Kuelap. Peru.com
Vista panorámica de Kuelap. Le blog de maud

Para el siglo XV, toda el área andina va sufrir una serie de cambios sociales y culturales por el surgimiento de una nueva cultura que tendrá una influencia muy grande en los patrones de asentamiento y organización del territorio, especialmente en las regiones alto andinas. Los Incas, grupo étnico del valle del Cusco, vencen a los Chancas de Apurímac en un conflicto bélico, dando origen a una rápida expansión, de tal forma que en tan solo 100 años, dominaban un territorio de 4’000,000 de kilómetros cuadrados de manera longitudinal, teniendo como base geográfica la cordillera de los andes (14), desde Ecuador hasta la zona central de Chile.

Mapa del Tahuantinsuyo con la extensión del Capac Ñan.
Historia del Perú
Etapas de Expansión del Tahuantinsuyo.
Visión critica del mundo Inca

En su proceso de expansión territorial, desarrollado no solamente por medio de conquistas militares sino también por un sistema de alianzas y acuerdos comerciales y diplomáticos con los pueblos que entraban en su dominio, los Incas realizaban en paralelo un sistema de planificación territorial como parte de la consolidación de la tierra conquistada; esta incluía, al igual como lo hicieron los Wari, en la fundación de centros urbanos y asentamientos de carácter administrativo, que estaban conectados con el Cusco a través del sistema de caminos o Capac Ñan que iban ampliando a medida que se anexaban nuevos territorios. Otro parecido con los Wari en la forma como se expandió esta cultura fue el aprovechamiento de los valles interandinos como ejes de fácil desplazamiento hacia los diferentes puntos del área andina, sometiendo de manera rápida y fácil a muchos grupos étnicos que probablemente carecían de la organización y disciplina de los Incas. (15) Esta explicación se complementa con los estudios de Carlos Castillo Venero quien explica, que la planificación física del territorio hecha por los incas tenía por objetivo el control económico, político y social de los pueblos y territorios conquistados. En lo social, Castillo menciona una imposición de los patrones socio culturales a los pueblos conquistados, ocasionado una “homogenización” de la cultura cusqueña en todo el ande como forma de dominio (16), sin embargo, se ha visto que este proceso de dominación no se aplicó de manera homogénea y radical en toda el área andina; en algunos lugares, los Incas respetaron las costumbres y religión de muchos pueblos sometidos, tal como lo explica Daniel Morales “La tradición del comportamiento social bajo sistemas teocráticos viene de Chavín y fue generalizada en todas las culturas de los andes centrales. Por tal razón los incas conciliaron, permitieron y toleraron las costumbres, normas y comportamiento de los grupos conquistados, no porque fueran benevolentes sino porque en cada grupo encontraron los mismos principios de comportamiento social, político y religioso; por más alejadas que estuvieran sus fronteras encontraron un mundo entendible y conocido, porque los cordones umbilicales no estaban rotos, como dentro de un proceso genético de evolución natural, siendo la teocracia la característica de la civilizaciones andinas” (17). De esta forma, los Incas desarrollaron diferentes maneras de ocupación y organización del territorio según las características de cada región que conquistaban, “Mientras en las regiones altoandinas establecen sus propios centros, de acuerdo a modelos definidos para su administración provincial, en el caso de los valles costeros – donde existían ciudades y centros urbanos – estos son mantenidos cuando son funcionales a la presencia inca, otorgándoles determinados niveles de autonomía y limitándose las intervenciones a la inserción de algunas edificaciones o a la remodelación de determinados sectores del asentamiento o, inclusive, a una simple adecuación de ciertos edificios preexistentes,…” (18), esta idea puede ser reforzada por el hecho, tal como explique al inicio del artículo, de que al haberse desarrollado durante el periodo anterior de los Estados Regionales un limitado crecimiento urbano en la sierra distinto a lo que ocurrió en la costa central y norte, los Incas aprovecharon esta situación para iniciar un intenso programa constructivo de nuevos centros urbanos especialmente en la parte altas de los valles y en las regiones altoandinas, como un modelo de planificación semejante a la realizada en el Cusco, teniendo como criterio de localización el sistema de caminos y su posición céntrica entre las zonas de puna – donde se daba la actividad ganadera y la conservación de los productos agrícolas – y los valles interandinos, densamente poblados, donde se daba una economía agrícola (19).

Plano del Cusco en la época Inca.
Se puede observar las dos plazas principales, Cusipata y Huacaypata,
y los caminos que salen a los cuatro suyos. Skyscrapercity
Reconstrucción en 3D de la planta del Cusco en la época Inca,
en la que se puede visualizar la forma de Puma.
Dibujo R. Mar y J.A. Beltran - Caballero e Ideum

En cuanto a la configuración interna de los principales asentamientos incas, si bien se siguieron patrones de organización y construcción muy parecidas a la del Cusco, estos tuvieron muchas diferencias entre si según la adecuación a la geografía del lugar y las jerarquías en las funciones que tenían. Los elementos urbanos característicos de los centros urbanos incas son la organización del lugar a partir de una gran plaza principal de forma trapezoidal a la cual llegan los principales caminos de acceso (20). Al centro de la plaza existía una plataforma conocida como Ushnu, elemento arquitectónico que pudo funcionar para realizar ceremonias rituales, y que sirvió tanto como símbolo político de la unificación de los territorios dominados, como para el uso de observatorio astronómico (21). Rodeando la plaza se ubicaban una serie de edificios importantes de carácter administrativo, residencial y religioso, utilizado por la elite local que gobernaba la región. Entre estas y la plaza, se desarrollaban una serie de espacios conocidos como la Kallankas, grandes salones techados a la manera de un hangar que servían de recepción a los complejos administrativos. Otra de las edificaciones importantes era el Acllahuasi, lugar donde residían las mujeres que prestaban servicios al culto del sol (22), al inca y su familia. Tanto la plaza como las edificaciones públicas que la rodeaban formaban una centralidad bastante definida dentro del asentamiento, alrededor de esta se organizaba el sistema de calles, pasajes y manzanas de uso residencial, cuya trama en la mayoría de los casos era irregular, ya que muchos de estos centros urbanos se ubicaban en zonas con una topografía relativamente accidentada. Gran parte de estas manzanas estaban definidas por complejos cercados organizados por un patio central y recintos alargados que la rodean, patrón conocido como Cancha (23) y que probablemente hayan sido utilizados para los complejos residenciales de la elite gobernante. Generalmente alrededor de estos grandes asentamientos se ubicaban una serie de edificaciones conocidas como Colcas, destinadas al almacenamiento y conservación de los productos agrícolas y ganaderos (24).


Modelo de asentamiento inca. Huanuco Pampa.
Expeditions Travel Blog
Plano de la parte central de Huanuco Pampa.
Se puede la plaza central con el Ushnu al centro.
A partir de esta salen cuatro caminos
hacia diferentes puntos del territorio.
Dibujo Emilio Harth Terre 1904

Si bien esta descripción explica la configuración espacial y física de un típico asentamiento inca en cuanto a su materialización artificial, hay que tener en cuenta los aspectos simbólicos que definen su organización, como la división de los centros urbanos en dos mitades, Hurin y Hanan – arriba y abajo –, dualidad relacionada tanto al linaje dinástico de los Incas como a una visión geográfica, espacial y cosmogónica, asociada a la oposición, la complementariedad y la reciprocidad (25), en este punto podemos interpretar la visión que tenían los Incas sobre el cielo, donde habitaban los principales dioses – el Sol, la Luna, las Estrellas y el Rayo - , la tierra o mamapacha, donde moraban los hombres y el inframundo o subsuelo como el lugar de los muertos; de alguna manera, esta cosmovisión se pudo aplicar también al planeamiento de los asentamientos Incas. Otro punto sumamente interesante es la relación de los centros urbanos con su entorno geográfico y como esta era planificada. De esta manera, la organización de los sitios guardaba mucha relación con una serie de elementos naturales como cerros, ríos, quebradas y rocas, los mismos que eran considerados por los Incas no solamente como sagrados si no que de alguna forma eran la base de la planificación espacial del lugar donde se ubicaban los poblados incas (26). Uno de los que ha estudiado ampliamente esta relación ha sido el arquitecto José Pineda. En sus estudios sobre la arquitectura inca en la región del Cusco y en especial en Urubamba, Pineda plantea la hipótesis de que la planificación urbana de los Incas no solamente se basa en la organización y construcción de los asentamientos propiamente dichos, si no que estos se relacionaban en primer lugar con otras estructuras más pequeñas – colcas, tambos, andenerías – ubicadas a ciertas distancias del mismo y conectadas siempre por la red de caminos incas. Paralelamente, el centro urbano y el conjunto de estructuras que la rodean - que sería considerado a mi entender como lo artificial o echo por el hombre – guarda una relación muy fuerte con el entorno natural que la rodea generándose un todo unitario, en lo que lo natural y artificial se fusionan y mimetizan. Al respecto, Pineda menciona lo siguiente: “Los asentamientos incas de la región de Urubamba fueron concebidos para funcionar junto a una serie de otros pequeños centros o edificios, dentro de una concepción global del territorio que involucra todos los elementos naturales de un amplio sector geográfico determinado. Estos centros menores tienen una relación perceptual y física (caminos) con el centro principal, aunque distancias considerables los separen, tales son los casos de Huaynapicchu con relación a Machu Picchu, del sector de las cárceles de Pincuylluna con la fortaleza en Ollantaytambo, o Patallacta, y la serie de complejos arquitectónicos que lo rodean. Pero este arreglo territorial se desarrolla dentro de un paraje particular de montañas, ríos, fuentes de agua, rocas in situ, siendo involucrados como componentes básicos de él. El espacio arquitectónico Inca los engloba, obteniéndose una geografía totalmente arreglada artificialmente, y en donde rocas, cuevas, cimas de montañas, etc., muestran las huellas de la acción del hombre con la finalidad de obtener este resultado” (27). Parece ser que esta forma de planificación se enfocaría básicamente al ámbito regional e histórico de los Incas, aunque se sabe muy bien que en otras partes de la región andina a lo largo de la historia prehispánica se ha visto ya estos casos – como la orientación de los edificios y centros urbanos prehispánicos del valle de Moche con los cerros y apus de su entorno, también estudiados por Pineda –, por lo que podemos asumir que esta forma de organización territorial sea propia de toda el área andina.

Plano del conjunto arqueológico de Pisac.
en la cual se puede ver la relación del asentamiento
con el sistema de andenerias, los caminos de acceso y
el Intihuatana ubicado al noroeste.
Google Earth
Vista del asentamiento de Pisac. Foto Enrique Cortes 2009

Por otro lado, es muy interesante la comparación que hace Pineda entre la planificación urbana inca y la visión que tenía occidente y en especial Europa sobre la ciudad, “La comparación de un centro hispánico con otro inca, revela que el primero, cuando un edificio o complejo arquitectónico se encuentra fuera de la cuadricula o de sus murallas – si las hay -, es considerado como exterior a la trama urbana, y por tanto no integra un cuerpo común a ella. En cambio, lo especialmente exterior a un centro inca se encuentra verdaderamente muy lejos. Los complejos arquitectónicos separados del núcleo principal, así como los elementos de la naturaleza (muchos de ellos realzados a través de modificaciones escultóricas o constructivas, como es el caso de los andenes y de las rocas esculpidas), forman una continuidad en la concepción espacial inca de un asentamiento” (28). Esta comparación que hace Pineda es sumamente interesante, ya que en los últimos 20 años existe un debate en el espacio académico y profesional respecto a la visión de la planificación urbana a nivel mundial, específicamente en lo referente a la relación conceptual y antagónica entre lo urbano y lo rural en la forma como se investiga, diagnostica y planifica el territorio. Al respecto, José Fernández Baca Díaz especifica: “En el proceso de construcción de la sociedad occidental se construye también el concepto de dicotomía entre lo urbano y lo rural. El recorrido histórico de la formación de la ciudad occidental está ligado al proceso de separación conceptual de lo urbano y lo rural, y en todo caso a una relación en donde lo rural siempre ha sido definido como lo otro, lo que no es urbano.” (29) Tanto los estudios de Niel Brenner y Christian Schmid (30) como de José Fernández Baca Díaz, cuestionan esta separación, explicando que los procesos de urbanización mundial han sido bastante intensos, teniendo así diferentes formas de crecimiento en función a las condicionantes de cada región, de tal manera que los límites de muchas áreas urbanas se mimetizan con las áreas rurales siendo estas poco claras. Por otro lado, los flujos y las interrelaciones entre los urbano y lo rural son cada vez más fuertes y simbióticas, no solo en los aspectos económicos (las áreas urbanas consumen los diferentes recursos que ofrece su entorno rural) si no medioambientales, ecológicas y paisajistas (las áreas rurales, bosques, vegetación de lomas, ríos contribuyen a mejorar el hábitat de las ciudades como pulmones urbanos). De esta forma, ellos proponen una nueva manera de entender los procesos de urbanización, estudiado y planificando tanto lo urbano como lo rural dentro de un determinado territorio de manera unitaria, integral y holística. No quiero profundizar más este punto ya que no es el tema principal de este artículo, sin embargo me sentí obligado a sacar a colación este tema ya que recién en Occidente, se está empezando a entender esta nueva forma de urbanismo, cuyo debate aun continua y que ha llevado a replantear las formas de planeamiento especialmente en Europa, con proyectos como el LEADER (1990 – 2006) de la Comisión Europea (31). Reflexionado sobre esto, es curioso saber que tanto los Incas, como las diferentes culturas del mundo andino ya tenían resuelto este dilema 600 años antes y más, como hemos visto en los estudios de Pineda y de otros autores a lo largo de los artículos que escrito en blog sobre este tema.

Para finalizar, quisiera hablar de un caso particular que resume de alguna manera la forma como se desarrolló el planeamiento inca en los andes centrales, me refiero a Machu Picchu, considerado uno los sitios incas más conocidos después del Cusco y que ha sido de alguna forma el más visitado y estudiado tanto por turistas como por distintos académicos, produciendo un sinfín de publicaciones de diferentes especializaciones (32). Ubicada en las partes bajas del valle de Urubamba, a unos 110 kilómetros al noroeste del Cusco (33), tiene una posición en relación a su territorio bastante particular, al respecto Canziani lo describe de esta forma: “La propia localización de Machu Picchu es muy especial, ya que está enclavado sobre un promontorio rocoso que conforma el extremo de una formación montañosa que obliga al rio Urubamba a encañonarse y a formar un amplio meandro. Por esta razón el sitio de encuentra ubicado sobre una suerte de península que domina desde sus alturas el paisaje rodeado de acantilados y profundos abismos sobre el Urubamba” (34).

Vista tradicional de Machu Picchu.
Al fondo se ve el cerro HuaynaPicchu
Foto Alexson Scheppa Peisino para Wikipedia

Plano general del Machu Picchu. Berkeley library

A partir del planos que mostramos en el presente articulo, podemos hacer una descripción general del conjunto; en ella, se puede ver que Machu Picchu tiene una configuración alargada e irregular que se adapta de manera armoniosa con la topografía. El complejo está dividido en dos sectores bien definidos, un área de andenerías ligadas probablemente a la actividad agrícola que servía para el consumo de la población del centro urbano, ubicado esta al sur; y el área propiamente urbana ubicada al norte, separadas estas por un camino epimural escalonado que parte en dos todo el complejo. El área urbana tiene una organización irregular de recintos, canchas y grandes espacios abiertos, en ella podemos identificar tres zonas; la primera, una gran plaza o espacio central organizada por grandes andenes y que probablemente divida el asentamiento en Hanan y Hurin, en ella se ubican rocas in situ y otras de formas labradas como el Intihuatana, que podrían tener la función de Ushnu o huacas rituales (35); la segunda área, que delimita la plaza central al oeste, esta conforma por un sistema de andenerías y estructuras aisladas que bordean la parte alta del barranco; y la tercera es el complejo urbano arquitectónico de uso residencial ubicada al sur y el este de la plaza, y que junto con la segunda área conformarían un patrón en U que rodearía el espacio central. La tercera área está compuesta por una serie de barrios o grupos distribuidos de manera irregular y en la que se visualiza un sistema de calles, recintos cuadrangulares y canchas; dentro de los barrios más conocidos está el de Torreón - que se caracteriza como su nombre lo dice por una torre semi circular que sobresale dentro del sector –; el de Tres Ventanas y el del Palacio Real.

Plano de Machu Picchu
con las principales zonas y barrios del asentamiento.
Foto Pablopablo para Wikipedia

Plano de Machu Picchu y alrededores. Fomenti Natura

Lo interesante de Machu Picchu es su gran potencial paisajístico y como se logró una perfecta integración de lo urbano arquitectónico con el entorno montañoso (36), logrando resolver en su planificación los grandes problemas ligados a una difícil topografía con un clima bastante húmedo y lluvioso (37), constituyéndose en un todo unitario donde tanto las montañas, las andenerías y los centros cercanos como el conjunto residencial central conformarían un todo, tal como lo describe José Pineda: “De la misma manera, se considera que Machu Picchu consta del grupo de edificaciones, plazas, canchas, calles, canales, fuentes y andenes del lugar actualmente conocido con este nombre. En realidad, la concepción integral del asentamiento está formado por los complejos de la cumbre de Machu Picchu, situado al Sur del núcleo principal, y en donde se encuentra el Intipunku, ingreso a todo el asentamiento; las construcciones de la cima del cerro Huaynapicchu; y los complejos de andenerías, a veces tan distantes como aquellos cercanos al Urubamba por el actual museo de sitio. Ciertos cerros situados del otro lado del Urubamba forman parte de la concepción espacial de Machu Picchu. Estos conllevan un valor sagrado, pues plazas y ventanas parecen deliberadamente construidas para dejar apreciarlo, realzando sus formas y siluetas. En este último ejemplo, la integración espacial no se da de manera física sino perceptual” (38).

Vista de Machu Picchu desde el este.
En la imagen se puede ver la forma como se asienta
el centro urbano sobre el territorio existente.
Foto agencia EFE
Vista de Machu Picchu desde el HuaynaPicchu.
South America 2 - up


He querido terminar esta serie de artículos sobre la planificación andina prehispánica con Machu Picchu, ya que de alguna forma representa y resume la manera como el hombre andino planificó su territorio durante siglos, constituyéndose no solamente en un modo distinto y original de urbanización, en oposición a los procesos que se han dado en otras partes del mundo, si no también en como los habitantes de los andes integraron lo artificial y lo natural armoniosamente en la organización y construcción de sus hábitats humanos como parte de una búsqueda lógica en el proceso de estructuración de sus sociedades, en constante relación a como ellos entendían el universo (cosmovisión). 


Fuentes:
(1) José Canziani Amico, Ciudad y territorio en los andes. Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico (Lima: Editorial PUCP, 2009), 349
(2) Daniel Morales Chocano, “Historia arqueológica del Perú. Del paleolítico al imperio Inca”, Compendio histórico el Perú (Lima: Editorial Milla Batres. 1998), 495 - 500
(3) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 424
(4) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 424
(5) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 424
(6) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 429
(7) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 424
(8) Alfredo Narváez, “Kuelap: “Una ciudad fortificada en los Andes Nor – Orientales de Amazonas, Perú”, Arquitectura y Arqueología pasado y futuro de la construcción en el Perú (Lima: Universidad e Chiclayo y Museo Bruning), 118
(9) Alfredo Narváez, “Kuelap: “Una ciudad fortificada en los Andes”, 118
(10) Alfredo Narváez, “Kuelap: “Una ciudad fortificada en los Andes”, 118
(11) Alfredo Narváez, “Kuelap: “Una ciudad fortificada en los Andes”, 118
(12) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 427. Alfredo Narváez, “Kuelap: “Una ciudad fortificada en los Andes”, 118
(13) Alfredo Narváez, “Kuelap: “Una ciudad fortificada en los Andes”, 138 - 139
(14) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 579
(15) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 439
(16) Carlos Castillo Venero, Cusco: Patrones de Asentamiento (Lima: Colegio de Arquitectos del Perú, 1983), 54
(17) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 588
(18) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 439
(19) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 440
(20) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 469
(21) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 581
(22) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 444
(23) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 469
(24) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 469
(25) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 443. Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 576
(26) Jose Pineda, “Arquitectura y paisaje. Planeamiento Inca”, Arkinka 1, n°8 (julio 1996): 88
(27) Pineda, “Arquitectura y paisaje. Planeamiento Inca”, 89
(28) Pineda, “Arquitectura y paisaje. Planeamiento Inca”, 89 - 90
(29) Jose Fernandez Baca – Diaz, “Desarrollo urbano – desarrollo rural. Nuevas relaciones, nuevos enfoques, nueva ruralidad”, EST, espacio, sociedad y territorio 1, n°1 (enero – junio 2014), 38
(30) Niel Brenner y Christian Schmid son dos académicos, el primero de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard y el segundo del Departamento de Arquitectura del Politécnico de Zúrich, ellos postulan una nueva forma de visualizar y entender las áreas urbanas y sus territorio desde una mirada holística, integral y unitaria, donde lo urbano y lo rural se integran y complementan, cuestionando la visión occidental de separar lo urbano y lo rural como dos opuestos, considerando además que existen distintas formas de crecimiento urbano y de entendimiento del territorio según la cultura y la geografía de cada región.
(31) Fernandez, “Desarrollo urbano – desarrollo rural. Nuevas relaciones, nuevos enfoques, nueva ruralidad”, 40
(32) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 457
(33) Castillo, Cusco: Patrones de Asentamiento, 71
(34) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 458
(35) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 460
(36) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 457 - 458
(37) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 459
(38) Pineda, “Arquitectura y paisaje. Planeamiento Inca”, 91

viernes, 28 de octubre de 2016

Planificación Territorial en los Andes. La Sierra desde el siglo II a. C. hasta el siglo XII d.C.


Retomando el tema de la planificación territorial en los andes, voy a explicar los procesos y cambios que se dieron en la sierra peruana, desde finales del Formativo (200 a.C.) cuando se inicia el periodo de Desarrollos Regionales en la costa norte y central, hasta el surgimiento de Wari como cultura dominante en toda el área andina.

Según Jose Canziani, al finalizar el Formativo, la sierra pasa por un proceso en la cual empiezan a desaparecer los antiguos desarrollos culturales en la zonas de Cajamarca, Áncash, el valle del Mantaro y Ayacucho, convirtiéndose en áreas donde subsisten pequeñas comunidades ligadas a actividades ganaderas y pequeña agricultura, por lo tanto no se estaría dando en teoría una continuidad en la evolución cultural de estas regiones, salvo la región del Collao donde aparece la cultura Tiahuanaco (1). Este fenómeno difiere mucho de lo que estaba pasando en la costa norte y central, en donde surgen grandes culturas con un alto grado de desarrollo urbano y arquitectónico como los Moche, los Lima y los Nazca, situación que continua durante todo el periodo de los Desarrollos Regionales (200 a.C. – 600 a.C.). Una posible hipótesis que explicaría este fenómeno seria que “en estas regiones altoandinas se habría impuesto una autolimitación en la dotación de excedentes productivos, a partir de las condiciones técnicas de la producción agropecuaria, que se resuelve principalmente en el ámbito de la organización comunal del trabajo y de un modo sustancialmente autosuficiente. Estas condiciones limitarían la especialización en el campo de la producción y, por ende, inhibirían los elementos causales de la diferenciación social, resolviéndose las relaciones de producción en el marco de la organización comunal, donde priman la reciprocidad y el parentesco” (2). Canziani refuerza esta hipótesis mencionando que “el proceso de desarrollo urbano y su sostenibilidad requieren de la existencia de un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas; que este sea capaz de asegurar la disponibilidad de ingentes cantidades de excedentes, que permitieran una creciente división social del trabajo y desligar de la producción directa de alimentos a una porción importante de la población, para que esta se dedique principalmente al desarrollo de actividades especializadas, sean estas de producción de servicios, manufacturas, instrumentos de producción, o comercio” (3). Una interpretación personal de esta hipótesis, desarrollada desde una visión marxista y occidental, sería probablemente que en la sierra peruana, a diferencia de lo que se daba en la costa, existía un limitado desarrollo de la actividad agrícola intensiva, debido al poco suelo disponible y a las dificultades técnicas que implicaban crear una gran infraestructura hidráulica en una geografía bastante compleja como los valles interandinos y las zonas de puna, por lo que no se lograría una división y jerarquización del trabajo en el proceso de producción agrícola, dificultando el desarrollo de alta cultura. De esta manera, la actividad agrícola seria remplazada por economías ligadas a la ganadería y el pastoreo, trayendo como consecuencia el desarrollo de pequeñas comunidades rurales.

El origen de la interpretación de Canzini sobre este fenómeno se debe a que él visualiza una ausencia de arquitectura monumental y grandes centros urbanos en ese periodo a diferencia de los que estaba ocurriendo en la costa. Sin embargo, se sabe por fuentes históricas que si hubo una continuidad en el desarrollo cultural de la sierra y que las antiguas culturas serranas del Formativo fueron remplazadas por otras, la diferencia de estas con los desarrollos costeños es que tuvieron otros patrones de asentamiento más adecuados al sistema montañoso de los andes, con un limitado desarrollo de arquitectura monumental, salvo el ya mencionado caso de Tiahuanaco, donde la geografía de la meseta del Collao permitió de alguna forma un crecimiento urbanístico y arquitectónico más complejo. De esta manera, las comunidades formativas de Cajamarca se trasforman en la cultura también llamada Cajamarca, la región dominada por Chavin se convierte en la cultura Recuay, la cultura Higueras surge en la zona donde se desarrolló Kotosh, (4) y en Ayacucho surge la cultura Huarpa, predecesora de los Wari.

Mapa del área andina
con la ubicación de las culturas que se desarrollaron durante
el periodo de los Desarrollos Regionales.
Aprenda historia de la humanidad

Los centros urbanos que surgieron en estas pequeñas civilizaciones eran aldeas con arquitectura domestica distribuidas de manera aislada, adaptándose a una geografía difícil, y ubicándose generalmente sobre los cerros cerca de los valles. (5) Muchos de estos sitios estaban cercados con muros perimétricos, como el caso de Marcahuamachuco ubicado sobre una colina en las montañas de la Libertad, en la sierra norte: “Se encierra dentro de un muro perimetral circular u ovalado en cuyo interior hay orden y simetría, mientras hacia afuera es desordenada; sus construcciones son grandes galerías, estructuras redondas y rectangulares, con edificios de dos a cinco pisos que son verdaderamente impresionantes”. (6) Otra aldea importante del periodo es Pashas, centro importante de la cultura Recuay, ubicado al norte del callejón de Huaylas, (7) con características arquitectónicas similares a la de Marcahuamachuco, La organización de este asentamiento, según Williams “contenía dos áreas diferenciadas: un poblado en lo que actualmente es Cabana y una zona ceremonial localizada sobre la cresta de un espolón que domina la ciudad. La diferenciación es clara: hay un área baja y un sector alto amurallado y de acceso controlado”, (8) En la parte alta, sobre el espolón conocido como la capilla, estaban una serie de edificaciones amuralladas ligadas a la arquitectura funeraria y de uso doméstico. (9) Otros caseríos de la época que surgieron en la región alto andina son Ñawinpukyo y Conchopata, ubicados al norte de Ayacucho, siendo estos centros importantes de la cultura Huarpa.

Plano de Marcahuamachuco
publicado por Charles Wiener.
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Marcahuamachuco. Plaza principal.
Foto David Almeida para Wikipedia

Podríamos resumir entonces que durante el periodo de los Desarrollos Regionales, aparecieron una serie de culturas con cierto grado de organización, a tal punto de pudieron construir asentamientos en la cima de los cerros con una organización morfológica y funcional relativamente compleja y con una arquitectura ligada a lo domestico y a lo ceremonial, pero de manera más modesta a lo que se estaba haciendo en la costa norte durante esa época.

Sitio Arqueológico de Ñawinpukyo. Scielo revista Cungará
Aerofotografia de Conchopata.
Ayacucho. Google Earth

El proceso de urbanización y organización territorial en la sierra cambió en el siguiente periodo, cuando los Wari, un pueblo del norte de Ayacucho, empiezan a expandir su cultura por todo los andes centrales (600 d.C. – 1000 d.C.), introduciendo una nueva forma de organizar el territorio y los centros urbanos (10) como veremos más adelante.

Los Wari son descendientes de los Huarpa, cultura que surgió en las cuencas de Huamanga y Huanta en el siglo III a.C. Los cambios sociales y culturales que ocasionaron el desarrollo de los Huarpa para transformarse en la cultura Wari como un centro difusor de cultura y desarrollo económico en toda el área andina pudieron haberse dado por los contactos que habría tenido la región de Ayacucho con la costa sur y el altiplano Boliviano, teniendo influencias culturales de Nazca y Tiahuanaco (11); producto de estas relaciones, los huarpas crearon una economía basada en la manufactura de producción alfarera, textil y al desarrollo de una intensa ganadería mediante la crianza de camélidos como la Llama y la Alpaca, ya que la actividad agrícola en estas regiones era poco desarrollada debido al escaso suelo productivo y a la aridez que exista en la región de Ayacucho. (12) La necesidad de conseguir productos agrícolas para la alimentación y subsistencia, obligó a los Wari a salir de su espacio de origen buscando otras áreas y regiones donde pudieran realizaran intercambios de alimentos por textiles, cerámicas y camélidos que ellos producían (13). Si bien algunos autores como Lumbreras, Gordon Willey, Larco, Scheadel, Rowe y Isbell, (14) destacan desde una visión occidental, que estos intercambios se dieron mediante el uso de la fuerza en un proceso de conquistas territoriales, convirtiendo a Wari en un gran “imperio andino” con una organización jerarquizada y secular, y con una planificación que organizara el territorio como una forma de dominio; es muy probable que el comercio manufacturero y el establecimiento de los futuros asentamientos se hayan desarrollado de manera menos violenta, mediante el desarrollo de colonias o espacios de distribución y almacenamiento de productos, llegándose a acuerdos con los pueblos y comunidades interandinas para realizar actividades comerciales; si lo comparamos de manera temeraria con occidente, la expansión Wari podría tener más semejanzas con la colonización griega o fenicia en el mediterráneo que al dominio imperial de Roma en la misma área, pero con características andinas. Al respecto Daniel Morales Chocano comenta “Presumir sin mayor análisis que Huari fue una organización política centralizada y despótica, con una clase poderosa y rica que vivía en ciudades y que era protagonista de conquistas territoriales, con una sólida organización social, fuertes mecanismos de control y una infraestructura eficiente, que imponía por la fuerza modos de vida y comportamiento es incurrir en un estereotipo, valido para el imperio romano o británico, mas no para entender el proceso histórico andino”. (15)

Mapa del sur peruano
con las interconexiones Wari y Tiahuanaco.
Scielo revista Dialogo Andino

Aquellos que defienden la tesis imperial de Wari, argumentan su poción a partir de las evidencias arqueológicas que sustentan su gran dominio por la gran cantidad de cerámica y un patrón arquitectónico en común de características “Huari – Tiahuanaco” en toda el área andina para el periodo estudiado, sin embargo, se sabe que existen evidencias de otros tipos de cerámica regionales que se desarrollaron en paralelo, (16) esto demostraría la presencia de otras culturas en esa época como los Lambayeque en el Norte o la fase tardía de la cultura Cajamarca. Incluso se podría hablar de grupos interregionales que cohabitaban pacíficamente, en donde el grupo Huari – Tiahuanaco tuvo un gran desarrollo en el sur andino con influencias menores en la sierra norte. (17)

En cuanto a su proceso de urbanización en el área andina, esta se da en dos etapas bien diferenciadas con patrones distintos. El primero se origina en la cuenca de Huamanga en Ayacucho, en donde aparecen los primeros centros urbanos, muchos de los cuales surgen en el periodo Huarpa, como Conchopata, Mayni y la propia ciudad de Wari, con patrones irregulares y crecimientos desordenados; y el segundo, la construcción de centros manufacturados administrativos, enclaves importantes ubicados a cierta distancia el uno del otro, con una organización espacial y morfológica bastante ortogonal y planificada como Pikillacta (18) en el Cusco y Viracochapampa en las sierras de la Libertad. Respecto a la segunda etapa, Canziani explica que la ubicación de estos nuevos asentamientos se dan a lo largo del eje longitudinal de los valles interandinos (19), espacios geográficos que sirvieron de acceso para la expansión cultural y económica de los Wari en las regiones circundantes de Ayacucho. “Estas instalaciones debieron formar parte fundamental de una estrategia aún más amplia, dirigida a la consolidación de sus sucesivas avanzadas en el dominio territorial. Sintomáticamente, algunas de las principales ciudades fundadas en estos valles exhiben patrones planificados…” (20), la interpretación que se puede sacar de esta idea es que desde la tesis imperial, los Wari fundaban enclaves administrativos comerciales como una forma de control político y económico en un rápido proceso de conquista, el diseño simple y regular de los asentamientos responde a una ocupación rápida y funcional del territorio, especialmente en zonas donde no había ocupaciones preexistentes, fenómeno muy parecido al caso del dominio Romano en las colonias del norte del África, o al proceso de conquista española en América en el siglo XVI. Daniel Morales cuestiona esta tesis argumentando que su proceso urbanizador no fue parte de un proyecto de conquista y dominio imperial, esto debido a que no se describen elementos arquitectónicos asociados a un poder militar o de control como torreones, fortalezas o cuartales. Por otro lado, estos centros urbanos no se ubican en lugares altos como colinas o cerros – patrón característico del periodo anterior –, lugares seguros ante un ataque, siendo más vulnerables los sitios planos de los valles donde se ubicaron. (21)

Asentamientos Wari en el valle del Ayuacucho.
Scielo revista Chungará
Aerofotografia del sitio arqueológico de Wari. Ayacucho.
Google Earth

Al referirse a la organización interna de estos nuevos asentamientos, Canziani da la siguiente opinión: “En el urbanismo planificado Wari, especialmente en el caso de sus principales ciudades, se puede leer la búsqueda de un modelo relativamente sencillo en su concepción y en su propio proceso de fundación. Un modelo urbano definido por parámetros básicos y fáciles de implantar; que permita resolver de forma orgánica la estructura de los edificios neurálgicos, para que opere en ellos el sistema de poder; y donde el desarrollo de un tejido urbano organizado sobre Kanchas, permita su adecuación a los distintos requerimientos funcionales, sean estos administrativos – tributación, acumulación, redistribución, etcétera -, ceremoniales, productivos así como habitacionales de la población concentrada en la entidad urbana, o de la que residiera momentáneamente en ella, en el caso de tropas, de tratantes o en cuanto población movilizada en el marco de sistemas de desplazamiento poblacionales similar al de los mitmaq inca”. (22) Esta organización explicaría la concepción de estos centros como espacios jerarquizados laboral y socialmente, con un alto grado de especialización de la producción manufacturera y en donde se daba un control económico y político del territorio. (23) lugares que se repartirían como prototipos con la misma función a lo largo de los andes centrales.

Plano de Viracochapampa. La Libertad.
Municipalidad de Huamachuco
Ruinas de Viracochapampa. La Libertad. Arqueología del Perú

La tesis anteriormente mencionada por Canziani es cuestionada por Morales que argumenta en primer lugar que los diferentes asentamientos fundados por los Wari pudieron tener diferentes funciones, si bien Pikillacta podría tener las actividades y características que se describen en el párrafo anterior, otros sitios podrían haber tenido funciones y usos completamente distintos. “Encontramos otro problema en cuanto a la función de las ciudades Huari. Mario Benavides ha identificado a Checohuasi, Moradochayoq, Monjachayoq y Vegachayoqmoqo como ciudades de culto religioso y rituales funerarios; mientras que Conchopata, Uchpacoto y Mayni son sitios especializados en la producción de alfarería. En el caso de Azángaro el problema es otro, según Martha Anders, que excavó en el sitio: ella plantea que Azángaro cuestiona el argumento de que las ciudades planificadas reflejan una política de especialización económica, sumamente burocratizada y secularizada, ya que no existen pruebas suficientes. En Azángaro, los tres sectores que forman el gran recinto rectangular de la ciudad reflejan actividades domésticas generalizadas, donde había dos grupos de autoridades, a manera de gobierno dual, una población de sostén o campesina y otra de residentes a corto plazo o huéspedes temporales”. (24) si a esto agregamos que dentro de estos lugares no se dan los espacios ni accesos adecuados para el fluido tránsito y para la acampada de tropas militares, así como espacios de depósitos los suficientemente grandes para almacenar cantidades de ropa y alimentos (25), podríamos decir que los centros urbanos Wari, a pesar de su morfología y organización ortogonal, tenían funciones distintas a la de un centro administrativo y de control territorial; por otro lado, su organización y gestión pudo estar dirigido hacia sí mismos, como espacios de intercambio y distribución de productos con otros territorios y regiones, más parecido al modelo de Chavín que al sistema de los incas. (26)

Para ahondar mas en el análisis y el estudio de la urbanística Wari, escogí el caso de Pikillacta, ubicado al sur del Cusco, en la confluencia de las cuencas de los ríos Huatanay y Lucre, afluentes del rio Vilcanota, en una encrucijada de caminos y en una posición céntrica e importante que conecta los valles del Cusco hacia el noroeste, la cuenca del Lucre hacia el suroeste, el rio Vilcanota y el valle de Urubamba hacia el noreste y hacia el sureste el altiplano de puno y la meseta del Collao. (27)

Canziani hace una descripción general del asentamiento: “La ciudad, que se localiza en las faldas al oeste del cerro Huchuy Balcón, a unos 3.250 m.s.n.m., tiene una extensión general de unas 200 hectáreas que comprende, además de su núcleo central, grandes áreas cercadas donde no se perciben en superficie mayores restos arquitectónicos. Su núcleo central, donde concentran y son claramente perceptibles sus principales edificaciones, presenta una planta de 745 metros de noroeste a sureste por 630 metros de suroeste a noreste, con una extensión de cerca de 47 hectáreas. Si consideramos los sectores al noroeste del sitio como posibles agregados adicionales al plano general del conjunto central, tendríamos como base una planta prácticamente cuadrada de unos 630 metros de lado, de acuerdo al modelo de ciudad Wari compartido con Viracochapampa en Huamachuco”. (28) En cuanto a la organización interna, el centro urbano está divido en tres sectores y un área anexa ubicada al norte. De los tres primeros; el sector este tiene una configuración en damero que contienen un total de 84 módulos espaciales cuadrangulares de 35 x 40 metros de lado cada uno, definidos a manera de Kanchas, con un patio central y edificaciones en forma de galería alrededor; en cuanto al sector central, es muy parecido al sector este, pero con una arquitectura más compleja que incluye una gran plaza al medio de 70 x 50 metros de lado; y el sector oeste, que está conformado por una enorme explanada de 410 metros de largo por 180 metros de ancho, que podría haber funcionado como una plaza importante de acceso a todo el conjunto y al sector central (29), espacio utilizado probablemente para grandes ceremonias e intercambio de productos; finalmente, el sector norte es un espacio anexo que se caracteriza por tener dos zonas bien identificadas, grandes áreas abiertas en los extremos y un conjunto de pequeños recintos ubicados en su parte central y organizados en forma de hileras separadas por grandes corredores. (30)

Plano de Pikillacta elaborado por Emilio Harth - Terre.
Daniel Schavelzon
Vista aerea de Pikillacta. Cusco. Skyscrapercity


Para finalizar, podríamos decir que Wari tuvo un desarrollo expansivo en los andes pero como parte de un proceso colonizador ligado más a la transacción manufacturera y la creación de acuerdos comerciales con los pueblos vecinos de manera menos violenta de lo que se podría pensar, fundando una serie de enclaves y centros logísticos  en áreas cercanas a las regiones o culturas donde se daba el intercambio, generalmente en las cabeceras o a la mitad longitudinal de los valles interandinos y costeños, aprovechando la reciprocidad en el intercambio de productos que se daban en estos espacios geográficos. La organización regular y la jerarquización espacial y funcional de estos centros, más que responder a un criterio de dominio imperial y expansionista en el territorio, era el resultado de generar una eficiencia en la gestión de los mismos como centros de intercambio y redistribución de productos.



Fuentes:
(1) José Canziani Amico, Ciudad y territorio en los andes. Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico (Lima: Editorial PUCP, 2009), 181
(2) José Canziani Amico, Ciudad y territorio en los andes. Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico (Lima: Editorial PUCP, 2009), 181, citando a Jurgen Golte, La racionalidad de la organización andina (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1980) y a Enrique Meyer, Casa, chacra y Dinero. Economías domésticas y ecología en los Andes (Lima: Institutos de estudios peruanos, 2004)
(3) José Canziani Amico, Ciudad y territorio en los andes. Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico (Lima: Editorial PUCP, 2009), 181, citando a Luis Lumbreras, Arqueología de la américa andina (Lima: Editorial Milla Batres, 1981), 170 - 173
(4) Daniel Morales Chocano, “Historia arqueológica del Perú. Del paleolítico al imperio Inca”, Compendio histórico el Perú (Lima: Editorial Milla Batres. 1998). 317
(5) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 343
(6) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 343
(7) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 343
(8) Carlos Williams, “Arquitectura y urbanismo en el antiguo Perú”, historia del Perú. El Perú republicano. Tomo VIII (Lima. Editorial Mejía Baca, 1985), 498
(9) Williams, “Arquitectura y urbanismo en el antiguo Perú”, 498
(10) Enrique Cortes, “Planificación territorial en los andes. Los valles de la costa hasta la dominación inca, composición urbana, (Sept. 25, 2015 [citado el 24 de octubre del 2016]): Disponible en http://composicionurbana.blogspot.pe/2015/09/planificacion-territorial-en-los-andes.html
(11) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 313 - 314
(12) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 314
(13) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 317
(14) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 430
(15) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 431
(16) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 435 – 437 - 445
(17) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 426 - 430
(18) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 445
(19) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 326
(20) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 326
(21) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 446
(22) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 326 - 327
(23) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 327
(24) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 445
(25) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 446
(26) Morales, “Historia arqueológica del Perú”, 446 – 447
(27) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 327 -328
(28) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 328
(29) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 328 - 330
(30) Canziani, Ciudad y territorio en los andes, 330